lunes, 20 de octubre de 2008

Justicias e injusticias de la vida


Una de las grandes justicias de la vida es que cualquier persona, sin importar su clase social, tiene la oportunidad de poder comer un manjar propio de un restaurante de 5 estrellas. Para ello, sólo han de cumplirse estos dos requisitos:
1.-Que esa persona tenga HAMBRE. Verdadera HAMBRE
2.-Que esa persona encuentre CUALQUIER COSA para comer.
Por obra de magia, esa “cualquier cosa” se convierte en la más rica de las comidas.
GRACIAS DIOS
Preparo dos fuegos. En uno pongo a hervir pasta, en otro, papas. Me falta atún. Busco dinero. Salgo a comprarlo. Le digo, antes de cerrar la puerta, a mi gata que se porte bien. Ella me dice que sí (telepáticamente).
Es la última vez en mi vida que voy a volver a ver a mi gata. Pero aun no lo sé.
Cuando voy a medio camino del súper caigo en que, cuando vuelva, ya no habrá casa.
Que uno de los fogones se apagará. Saldrá sólo gas. Se prenderá con el fuego del otro. Todo explotará. Mi gata, morirá. Mi vecina, morirá quemada. Su marido quedará, mentalmente desgraciado, para siempre. Tendré que pagar indemnizaciones millonarias de por vida. Da igual el dinero que voy a ganar. Nunca será suficiente. Nunca podré perdonarme haber matado a mi gata. Saldré en las noticias, quedaré como una imbécil.
Pienso en regresar sobre mis talones. Quizá aun pueda remediarlo. No. Por un extraño motivo quiero que suceda. QUE MUERA TODO EL MUNDO. Entro en el súper. Nadie sabe que soy una asesina. Compro atún. Vaya, está de oferta. Me da para comprar también unos yogures, Hace tiempo que no tomo nada con leche. Voy a la caja registradora. A ESTA HORA MI CASA HA EXPLOTADO. El cajero me mira con inquietud. Sospecha algo. Percibe algo. La maldad.
Regreso a casa. Tengo miedo. ¿Y si explota ahora, justo cuando estoy entrando? Demonios. Abro la puerta. Me apresuro. Corro por el pasillo, no huele a gas. Llego a la cocina. Por el camino veo a mi gata. Está bien. Los fuegos no se han apagado.
Abro la bolsa del súper. Demonios. No he comprado atún. Me he equivocado. He comprado paté de atún. Por eso me miraba, extrañado, el cajero. PORQUE NADIE COMPRA ESA MIERDA DE PATÉ ATUN. Nadie que no sea un gato. Y los gatos no compran en los supermercados. Se limitan a vivir escondidos bajo los coches: porque saben que algo malo va a pasar en cualquier momento. Demonios... Me enfado mucho. Pienso en ir con la vecina, patearla, robarle atún y comer por fin, de una vez. PERO ME METERIAN A LA CARCEL. PUTA SOCIEDAD

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